Impactos del trabajo doméstico y de cuidado no remunerado en la carrera profesoral de la Universidad del Rosario

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Las investigaciones que abarcan las relaciones de género en la educación superior han dado cuenta de que, a pesar del cambio estructural que implicó la inserción de la mujer en este ámbito, en la academia persisten una serie de obstáculos que limitan la integración y el desarrollo de las mujeres en condiciones de igualdad con respecto a los hombres. Si bien es cierto que en la actualidad las mujeres representan un porcentaje significativo de la población universitaria, también lo es la existencia de un ‘efecto piramidal’ que demuestra que esta cantidad disminuye a medida que se asciende en la escala de formación. Así, el número mayor de mujeres se encuentran en los niveles más bajos de formación (Méndez y Rojas, 2014). De acuerdo con los datos que arroja el Observatorio Laboral para la Educación del Ministerio de Educación, entre 2001 y 2018 se graduaron 2’063.899 mujeres y 1’700.585 hombres de pregrado. Para el mismo intervalo, se graduaron 1.905 mujeres y 3.036 hombres de doctorado. Ahora bien, con respecto al lugar que ocupan las mujeres en las labores formativas de la educación, se encuentra que a medida en que se asciende en la escala profesoral, ellas descienden en la ocupación de plazas de personal docente, de investigación y de cátedra (Martínez, et. al., 2018, pág. 180). Mientras que para la docencia infantil y primaria las mujeres representan una mayoría y, en ese sentido, este sector de la educación se podría considerar feminizado (Montoya, 2009; Silva, 2016), en la docencia universitaria las mujeres son minoría. De acuerdo con el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), las mujeres componen el grueso del cuerpo docente en los niveles preescolar (95,7%) y básica primaria (77,2%). Su participación va disminuyendo a medida que aumenta el nivel de formación, de manera que su participación en el cuerpo docente en el nivel de básica secundaria es de 52,5% y en media es de 45,7% (DANE, EDUC 2018). Según el Sistema Nacional de Información de Educación Superior (SNIES), para el 2018 el 38% de la planta profesoral de las instituciones de educación superior (IES) en Colombia estaba compuesta por mujeres. Estas diferencias porcentuales se relacionan, siguiendo a Acker (1995), con la manera en que los estereotipos de género inciden en el desarrollo de la carrera profesoral. Esto indica que la academia exhibe sesgos de género.
Moncayo y Zuluaga (2015) identifican las responsabilidades relativas a la familia/hogar, el rol social de la maternidad y la doble jornada como algunos de los principales obstáculos que encuentran las mujeres académicas en el desarrollo de su vida profesional. La incidencia de los estereotipos sociales de género en el modelamiento de expectativas, conductas y ambientes institucionales constituyen factores que inciden de manera negativa en la carrera académica de las mujeres. La persistencia del imaginario que asocia de forma exclusiva a las mujeres a las labores de reproducción y cuidado tiene impactos en su entrada, permanencia y avance en el mundo académico e incluso permite que estos roles de su vida doméstica se vean reflejados en las tareas que deben asumir en su lugar de trabajo. Así, mientras los hombres solamente deben cumplir con su rol de proveedor, las mujeres entran al mundo productivo-laboral sin separarse de los deberes de su rol reproductivo (Hernández, García y Sánchez, 2004, pág. 109). Estas normas socio-culturales no sólo generan una sobrecarga para las mujeres (que trabajan dentro y fuera del hogar), sino que posibilitan el desarrollo profesional de los hombres en la misma medida que limita el de las mujeres. En Colombia, según la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo (ENUT), “las mujeres en promedio destinan 7 horas 14 minutos al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, mientras que los hombres destinan menos de 4 horas a estas tareas” (DANE, 2018). La distribución y el uso del tiempo surge como un elemento que genera un impacto diferencial por sexo en hombres y mujeres sobre su vida profesional y laboral. Se entiende, entonces, que las mujeres no pueden ser productivas en la academia –y en el mundo laboral en general– de la misma manera y a los mismos ritmos en los que lo hacen los hombres, porque ellas deben asumir cargas y responsabilidades adicionales en el hogar. A esto se suma la influencia que tienen los estereotipos de género sobre el acceso a puestos de poder, liderazgo y toma de decisiones en la academia. Georgeta Ion, María Durán y María Bernabeu (2013) resaltan la existencia de una cultura organizativa de las universidades que ha sido y sigue siendo eminentemente masculina. Las autoras afirman que la inclusión de las mujeres en la academia no trajo consigo una transformación de la estructura universitaria, la cual fue pensada alrededor de un sujeto masculino:“(…) si quieren acceder y permanecer en un cargo, [las mujeres] deben sumergirse en una cultura universitaria que no ha sido creada desde lo femenino y, por consiguiente, en la que puede no haberse contemplado para nada las necesidades y los gustos de ellas” (Ion, Durán y Bernabeu, 2013, pág. 133).
Las IES responden a una lógica de larga tradición que se origina con un modelo educativo pensando desde lo masculino y estructurado sin tener en cuenta necesariamente a de las mujeres. De este modo, el tiempo para la preparación de las clases, escribir, investigar, asistir a reuniones, etc., suele estar en tensión con el tiempo necesario para cuidar de los hijos, la familia y estar pendiente de las necesidades del hogar. Esta tensión sociocultural entre la academia y las obligaciones femeninas operan en favor de los hombres (Moncayo y Pinzón, 2013), ya que son ellos quienes, por contar con las condiciones y el tiempo suficiente, pueden acceder con mayor facilidad a, por ejemplo, promociones, ascensos, cargos de liderazgo y mejores compensaciones salariales. Con esto, se reconoce que la división sexual del trabajo afecta de manera distinta el desarrollo de la carrera profesoral de hombres y mujeres de acuerdo con los estereotipos sociales de género. Teniendo como punto de partida esta problemática, la presente investigación tiene como objetivo general identificar y analizar el impacto en función del sexo/género del trabajo doméstico y de cuidado no remunerado a cargo de las profesoras y los profesores de la Universidad del Rosario en su carrera profesoral. Se quiere, así, dar respuesta a la pregunta: ¿cuál es el impacto de género de la carga de trabajo doméstico y de cuidado no remunerado en la carrera profesoral en la Universidad del Rosario? Esto, a través de cuatro objetivos específicos: a) identificar la carga de trabajo doméstico y de cuidado no remunerado de profesores y profesoras de carrera de la Universidad del Rosario; b) determinar los aspectos de la carrera profesoral (docencia, investigación y extensión) sobre los que se proyectan los impactos de la carga de trabajo doméstico y de cuidado no remunerado de profesores y profesoras de carrera de la Universidad del Rosario; c) identificar las estrategias utilizadas por profesores y profesoras de carrera de la Universidad del Rosario para armonizar su carga de trabajo doméstico y de cuidado no remunerado con su carrera profesoral y d) analizar si la carga de trabajo doméstico y de cuidado no remunerado que tienen a cargo los profesores y profesoras de carrera de la Universidad del Rosario contribuyen a producir o mantener brechas de género.
StatusActive
Effective start/end date1/1/2012/31/22

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